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Tragedias & Periodistas

8. Trastorno de Estrés Post-Tráumatico

Chantal McLaughlin escribió el siguiente párrafo en un caso de estudio publicado en línea por el Columbia University Graduate School of Journalism:

Chantal McLaughlin escribió el siguiente párrafo en un caso de estudio publicado en línea por el Columbia University Graduate School of Journalism:

“El American Psychiatric Association caracterizó algunos de los síntomas del PTSD como: recolecciones indeseadas del evento al menso después de un mes de haber sucedido, adormecimiento emocional, aislamiento de gente y lugares que le hacen recordar el evento. Otro síntoma común es sobrexcitación, que puede incluir irritabilidad, inquietud, bajo nivel de concentración, problemas para dormir y sentimiento de falta de seguridad. Los sobrevivientes de traumas en varias ocasiones llegan a sufrir depresiones y tienen problemas en sus relaciones laborales y familiares. La gente que sufre de este trastorno no entiende cuál es la causa de sus síntomas y tal vez nunca sea diagnosticado con él, sufriendo en silencio, tal vez por muchos años”.

El estrés es una reacción normal a la exposición extrema y prolongada a la violencia y otras tragedias humanas. Una situacion exepcional sucede con los periodistas que se consideran inmunes a este tipo de eventos. La violencia y las emociones posteriores que ésta causa, afecta a todas las personas que son los primeros en llegar a la escena, incluyendo a los policías, bomberos y paramédicos, así como a los periodistas.

Los reporteros, al igual que los policías y equipos de emergencia, se sienten cómodos compartiendo con sus colegas las experiencias por las que pasan durante la cobertura de eventos trágicos. Un café o un bar pueden ser lugares muy apropiados para reunirse con los colegas y compartir las emociones de su trabajo. Sin embargo éstas sesiones informativas requieren de una actitud honesta por parte de los periodistas y no de demostraciones de valentía. El antropólogo Mark Pedelty, autor del libro “War Stories: The Culture of Foreign Correspondents” dice que existe una cultura machista que es parte integral de la pesonalidad de los periodistas.

El hecho de reconocer la necesidad de compartir experiencias emocionales en el período posterior a una masacre en una escuela o a los ataques al World Trade Center, no es una señal de debilidad como muchos periodistas piensan. Por el contrario, compartir con los colegas este tipo de emociones promueve fortaleza. El simple acto de articular o asimilar eventos de este tipo — pintando, escribiendo, hablando o llorando — parece influir la manera en que la memoria traumática se almacena en el cerebro. Los niños que sobrevivieron la violencia en Guatemala o Bosnia comenzaron su etapa de recuperación dibujando o coloreando imágenes de los ataques. Es de especial ayuda cuando el acto de articulación está acompañado con la oportunidad de compartir el sufrimiento por el que se está pasando porque esto sirve de válvula de escape para poder liberar las emociones asociadas con el evento y ayuda al autor a recordar éste en el futuro con menos pena o dolor.

Los periodistas en varias ocasiones logran esto escribiendo un reportaje “pero existen ciertos detalles que no se pueden poner en papel porque son muy gráficos o estan fuera de lugar”, dice Penny Owen escritor en el periódico The Oklahoman. “Lo que yo necesitaba realmente después del ataque en Oklahoma City era pasar tiempo con otros colegas periodistas para hablar de lo que había sucedido”. Pero, ésta añadió, “cuando tuvimos la oportunidad de sentarnos a conversar con nuestros colegas todo el mundo estaba tan cansado del bombardeo que nunca pudimos ventilar nuestras emociones”.

Los periodistas, al igual que todos nosotros, son gente que están expuestos al dolor. Mantener este dolor dentro sin buscar canales para el desahogo tal vez prolonge el impacto emocional y lo empeore en el futuro. La necesidad de desahogar los sentimientos después de cubrir tragedias masivas es obvia, y el hecho de que este desahogo pueda producirse en una etapa temprana depende de la existencia de un consejero/orientador que se contrate para esta tarea. Otorgar orientación profesional como parte del paquete de beneficios para los empleados puede contribuir a la producción de un periodismo más sensible y convincente. Los periodistas, incluyendo a los free-lancers, deberían buscar y aprovechar la oportunidad de orientación profesional.

La noticia está en la calle. Hablar de ella con otros funciona.

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Joe Hight

  • Joe Hight is the editor in chief of the Colorado Springs Gazette. Previously, he was the director of information and development for the Oklahoman/NewsOK.com. In 1995, he led the team of reporters and editors who covered victims of the Oklahoma City bombing. The Oklahoman’s coverage won several national awards, including the Dart Award.

Frank Smyth

  • Frank Smyth is a free-lance journalist and a contributor to Crimes of War: What the Public Should Know, edited by Roy Gutman and David Rieff. He also is the Washington representative of the New York-based Committee to Protect Journalists.

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